Mis Primeras Fotos

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Aprender a ser libre lleva tiempo. Antes de buscar los ojos de otro hombre, tuve que aprender a mirarme a mí mismo de una manera completamente nueva. Y todo empezó con el teléfono móvil en la mano y el corazón latiéndome en la garganta.

La primera vez que sentí el impulso fue en el baño de una gran estación de servicio en plena ruta. El espacio era aséptico, frío y, sobre todo, demasiado luminoso. Había demasiada luz para ser valiente. Recuerdo la timidez, un pudor que me quemaba por dentro; con mi mujer jamás se me habría ocurrido hacer algo así.
Me coloqué frente al espejo con miedo a que alguien entrara. No usé flash, no quería llamar la atención, y el peligro de ser sorprendido me generó una excitación que nunca antes había sentido...

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