LA PARADA DE NOVELLANA

```html

Llevaba desde Oviedo con la cabeza en la carretera y el cuerpo pidiendo parar. La A-8 en esa zona es bonita, xana, verde hasta donde te alcanza la vista, pero son muchas horas y el culo ya lo notaba. Salí en Novellana, aparqué el Volvo entre otros dos camiones y bajé a estirar las piernas.

Había otro tío aparcado un poco más allá, uno de esos Mercedes blancos de autónomo, cargado hasta arriba con lo que parecían palets de madera. El conductor estaba fuera, apoyado en la cabina, fumando. Cuarenta y pocos, complexión fuerte, mono de trabajo abierto hasta el pecho. Me miró cuando bajé. Yo también le miré.

No me acerqué de entrada. Fui al baño, me lavé la cara, me tomé un momento. Cuando volví él seguía en el mismo sitio pero ya no fumaba. Me había visto volver. Eso me dijo bastante.

Me paré a su altura con la excusa de mirar el cielo, que amenazaba lluvia por el noroeste.
—Va a mojar antes de Ribadeo, dije.
—Ya, contestó. Sin más. Pero no se movió.

Nos quedamos así un momento, los dos mirando la nada, y entonces él señaló su cabina con la cabeza. Sin palabras...

Lee la historia completa en GayParking.com

```

Comentarios